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Me interesa mucho que la obra no sÛlo sea
una representaciÛn sino que consiga ser un objeto en sÌ mismo,
de modo que adquiera una presencia fÌsica autÛnoma de la misma
importancia que el valor estÈtico o conceptual.
A veces entramos en un espacio domÈstico y al ver la decoraciÛn,
los muebles etc., aunque no conozcamos a las personas que viven
en Èl, nos hacemos una idea sobre ellas... a menudo equivocada.
Las frases que incorporo a cada cuadro intentan enfocar ese
aspecto y sobre todo me interesan - adem·s de por su valor estÈtico
y sus cualidades fÌsicas - por la posibilidad de cambiar la
manera de interpretar la obra por el espectador puesto que existe
una cierta contradicciÛn entre ellos y la situaciÛn, el lugar,
la decoraciÛn, que sugieren los motivos pintados.
El tamaÒo de cada cuadro est· pensado en relaciÛn al tema, y
puede suponer una pista m·s para el espectador: La medida de
Spot the difference es la misma de una cama doble, la de Christina
is a great fuck,es la de un cubre de "queen size bed", la de
Bill.... es la de una sola plaza, el cuadro de Joe....es de
la misma medida que una cortina, la de Paul es la de un almohadÛn,
etc.
La presencia fÌsica y el valor estÈtico del texto son muy importantes
para mÌ, cada letra esta hecha de un trazo o de varios, tiene
una cualidad abstracta, formal, es una imagen. La tipografÌa,
los distintos tipos y tamaÒos que un escritor- especialmente
algunos poetas- utiliza, la manera en que compone sus p·ginas,
est· muy relacionada con la manera en que un pintor compone
sus cuadros.
Normalmente, lo que sucede cuando se lee una novela, en la que
el escritor desarrolla una trama, una situaciÛn, el lector participa
con su imaginaciÛn poniendo rostro a los personajes, formas
y colores a las cosas, incluso olores, seg™n las descripciones
y sugerencias que le va dando el texto, participando y contribuyendo
a la ficciÛn pero sin sacar a los personajes, a los objetos
fuera del contexto de la ficciÛn. Pero si ese mismo lector se
enfrentara a mis cuadros y leyera las frases que est·n pintadas
en ellos nunca le darÌa a Christina, Paul, Guadalupe, etc.,
esa condiciÛn de personajes de ficciÛn, por el contrario se
preguntarÌa quiÈnes son en realidad y si es cierto lo que dicen
las frases. De repente esos textos, esas frases cobran otro
valor y conducen al espectador-lector a situar a los personajes
en un contexto real, cotidiano, siempre en relaciÛn con lo que
sugiere el lenguaje pictÛrico.
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