La Galería Tomás March tiene el placer de presentar las obras más recientes del artista sevillano Curro González,  tras sus dos últimas individuales  “El Enjambre” en el Espacio Uno del MNCARS y “Desde Babel” en la Sala San Fernando de Sevilla.  Esta nueva serie lleva el título de “El hombre que soñó que se caía de la cama”.

Por otra parte, ya no mato. Todo cansa. Otra época terminada de mi vida. Ahora voy a pintar, son hermosos los colores cuando salen del tubo,  y a veces incluso algún tiempo después. Son como la sangre.

Con éstas frases Henri Michaux  concluye “Libertad de acción”, la primera sección de poemas de  su libro “La vida en los pliegues”.  Es intención del autor que la exposición que se presenta ahora sea entendida en el tono contradictorio que destilan estos versos. Un tono de liberación, en el que el libre fluir de la rabia sucede como en un sueño, permitiendo, como algo natural y cotidiano, la sublimación de esos sentimientos amargos y terriblemente absurdos a los que en muchas ocasiones la vida nos enfrenta.  Estas obras implican el regreso a una sensaciones de desapego y rabia que conformaron buena parte de la adolescencia del artista; en aquel tiempo, confiesa, no lograba canalizarlas y hacerlas trascender hacia algo constructivo, aún hoy le resulta difícil,  quizá por ello ha tenido necesidad de intentarlo de nuevo. De lograr ahora  con la ejecución de estas obras hacer que esa transitividad se haga efectiva, más allá  de cualquier pulsión terapéutica, habrá que atribuirlo al empleo del humor como motor y vía de canalización de dichos sentimientos;  sólo gracias al mismo estas obras existen y la catarsis que ellas implican se produce.

La exposición se plantea como un conjunto soldado narrativamente por la historia que se podrá ver en una animación realizada en plastilina, inspirada en “La  sesión de bolsa” uno de los poemas del mencionado texto de Michaux. Junto a ésta, diez pinturas y dos esculturas van mostrando distintos apartados que nos introducen claramente en aspectos relacionados con la delirante visión del mundo que construimos en los sueños.  Estos trabajos asumen su papel absurdo para abordar lo cotidiano, con una “claridad” de mente suficiente para sobrevivirlo, y pretenden impregnar a quien los vea de ese sentimiento nítido y limpio de quien también con ello sueña lo imposible, la utopía. A fin de cuentas, si pudiésemos realizar nuestros sueños, ¿no dejaría de tener sentido soñar?

Curro González