| Gilberto & Jorge realizan
el más desarmante de los viajes, aquel que no se caracteriza
por nada en especial, aquel que se resume en toda una serie
de documentos visuales fotográficos que aparentemente
sólo constatan la reiterada presencia de dos seres
ante el itinerario de espacios urbanos, abiertos o cerrados.
La coincidencia simbólica de su nombre artístico
con los clásicos del conceptualismo británico
no conduce a otros presupuestos identitarios: ellos no se
espolvorean de oro, no hacen mimo, no gesticulan y no crean
grandes paneles pictóricos a raiz de la imagen dual.
Comparten con sus homónimos ingleses, eso sí,
la fidelidad a la dualidad, la constancia del universo visitado
y pensado a dúo, el espacio solitario de dos y las
ganas de imprimir en el complejo tejido de la realidad el
acto de sus presencias o de su presencia sintética,
da igual cómo queramos interpretarla. Así consiguen
que nos detengamos mejor a su lado y nos involucremos en la
observación, en la contemplación de lo real,
que, aunque no lo mencionen expresamente, es uno de los valores
fundamentales de su arte. El hecho de signar en soledad o
a dúo el texto del mundo es uno de los dramas más
conscientes del arte, que además ha tendido a provocar
incomprensión cuando no rechazo. Un extravagante pintor
polaco, de inclinaciones simbolistas y de gusto historicista,
Jacek Malczewski (1854-1929), signó el universo con
su propia imagen a través de casi cien autorretratos.
En ellos, la expresión de su cara era imperturbable.
Ofrecía siempre el mismo rostro duro, de pronuciada
mandíbula y aristocrática imparcialidad, después
se vestía y se disfrazaba, retratándose como
dandy, como bufón, como emigrado polaco y cómo
no, como Cristo. A veces el motivo del autorretrato era una
flor, como el Autorretrato con jacinto (1902), o un color,
Autorretrato vestido de blanco; la imperturbable faz de Malczewski
era el nexo que advertía siempre de un eterno fair
play, actitud reforzada por la pose frontal y algo rígida
que adoptaba.
Contemporáneos de este excéntrico polaco, cuyo
viaje al fondo de sí mismo preludia tanto el lúdico
tiovivo de los yoes que ha hecho famoso a Gilbert and George,
fueron dos simbolistas pos-románticos ingleses, Ricketts
y Shannon. Siendo jóvenes aún, decidieron, respetando
su independencia, retirarse del mundo para vivir en soledad,
fusionando cercanía y distancia en los magníficos
retratos que el uno pintaba del otro. Creo que este cúmulo
sutil de sensibilidades existieron en el simbolismo mucho
antes de aflorar en el arte conceptual, en el happening o
en la fotografía de roles (como ejemplo de ésta,
la carrera de Cindy Sherman). En el catálogo que acompañó
la exposición de Gilberto & Jorge en la Galería
Tomás March de Valencia, en Julio de 1998, el único
texto crítico era una confesión de Jean Jacques
Rousseau. Forzado a vivir en el exilio y eligiendo después
otra clase de autoexilio, Rousseau no paró de viajar,
aunque el signo de sus viajes se reducía a los paseos
que él daba en absoluta soledad. En las ensoñaciones
del paseante solitario, cada paseo marca un hito en el largo
proceso de la conciencia, conciencia que requiere unas condiciones
severas de análisis sincero para brotar y así
ejercer el taumatúrgico efecto primero de la limpieza
y después de la iluminación. Feliz si,
mediante mis progresos sobre mi mismo, aprendo a salir de
la vida no mejor, porque es imposible, sino más virtuoso
de lo que en ella entré.
Lo que puede parecer una curiosa elección textual de
los jóvenes artistas se esclarece al examinar el corpus
fotográfico que en función del viaje han acumulado
Gilberto & Jorge durante años; ellos comparten
la severidad conceptual que preconiza el maestro francés.
En las imágenes sobrias de ellos dos ante el mundo
hay un acto de desnudar la mente para situarse ante la conciencia
paralelo a los procesos de introspección rosseauniana;
existe asimismo una soledad, aunque sea a dos, y un distanciamiento
que se manifiesta en la cuasi ausencia de gestos y poses,
aunque en el posar también subyace el casual style
de los artistas.
Al margen de la variación biológica del cuerpo
en el espacio, existen categorias en estas obras que narran
el mero hecho de estar presentes en un lugar. Comprobamos
también la recurrente pose frontal el la cual la expresión
del rostro se limita al máximo. Existe una mezcla de
retratismo clásico, de desenfado y egolatría
adolescente y de cinema vérité que nos impide
valorizar definitivamente las estrategias de estos dos interventores
del espacio en términos exclusivos de una ideología.
Todas estas acepciones laten en la imagen de Gilberto &
Jorge, orientando su trabajo actual hacia un acentuado realismo
de corte purista, comprometido en la búsqueda de lo
esencial y en el despojamiento de lo superfluo.
Jonathan
Allen
(Fragmento
de G&J: los signos de la conciencia)
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