A partir de principios de los noventa, después del periodo de Estrujenbank, empecé a introducir fotografías en los cuadros, pegándolas al lienzo, y pintando después. Lo que en un principio era un batiburrillo de imágenes y espacios, se ha ido simplificando poco a poco, y en esta exposición he intentado que los cuadros fueran imágenes lo más simples posibles.

El proceso de trabajo que sigo, parte de fotografías que voy sacando, normalmente cuando viajo. Suelo ir con una cámara en el bolsillo y cuando surge algo que me impresiona saco la cámara y disparo. No suelo tener un proyecto temático, ni estudio demasiado la luz, la composición, etc. Simplemente ante determinados asuntos se me enciende un extraño piloto por la zona del cogote, y automáticamente saco la cámara y disparo.

Para mi, las fotografías son como los apuntes del natural de la pintura clásica. Quizá esta sea una de las razones por las que uso el blanco y negro. No me interesa representar la realidad, sino utilizar la realidad como punto de partida. Tampoco me interesa la realidad de los periódicos o de la televisión, sino la realidad más cercana, más cotidiana, la que me voy encontrando. Saco muchas fotos de las que luego apenas selecciono unas pocas para los cuadros. En la selección y en general en todo, intento ser lo más instintivo posible evitando a priori cualquier proyecto o teoría.

La pintura me interesa como forma de trasladar esa realidad fotográfica a otro sitio. Como forma de pasar de lo concreto a lo indeterminado, de lo real a lo irreal. El arte me atrae en cuanto a su relación con lo mágico. Como forma de subsistencia ante un ambiente hostil, ya sea poblado por bisontes, por dinosaurios, por multinacionales, o por el arquitecto o urbanista de turno.

Presento también en esta exposición algunas cartulinas y dibujos que he hecho a la vez que los cuadros, que no parten de fotografías, sino de pintura, a los que añado finalmente pequeños recortes fotográficos.
Juan Ugalde, El Escorial a 31 de Diciembre de 1999.