La Galería Tomas March tiene el placer de mostrar, a partir del 26 de Mayo, la exposición UN SOLO TRAZO del artista cubano Eduardo Ponjuán (Pinar del Río, 1956), que reúne dos excelentes series de dibujos, sus visiones fotográficas sobre el mar y sus más recientes obras sobre telas asfálticas.


Los dibujos y buena parte de la obra de Eduardo Ponjuán son sofisticadas acumulaciones de referencias seccionadas, de cruce de datos siempre truncos o sutilmente truncados ya sean filosóficos, literarios, artísticos o históricos. En ellos el fragmento y la aleatoriedad, e incluso eso que en su obra algunos ven como vacío, pensados en términos de representación abandonan la imperturbabilidad que a ellos correspondía en el entorno del que fueron extraídos para ganar en existencia en tanto son depositados o proyectados como marcas o nuevas geografías en formas de devenires que aluden dibujos, y de dibujos que aluden notaciones.
El quid de las obras de Eduardo Ponjuán -desde las pensadas y realizadas a cuatro manos junto a René Francisco*  para la exposición “Artista melodramático”, como parte del Proyecto Castillo de la Real Fuerza (1989) y que hoy forman parte de colecciones como las de Peter Ludwig Forum, Jürgen Harten, Nina Menocal, el Banco de España o el Museo Nacional de Bellas artes de La Habana, hasta sus acciones pictográficas realizadas sobre telas asfálticas- no está en que responden a unas determinadas preguntas, sino que se escapan constantemente de ellas. Obras ante las que todo acercamiento en términos de historia, personal o universal, tiende a diluirse a favor de simples y novedosas geografías, de orientaciones calmadas, colmadas e intensas, de direcciones, de entradas y de salidas. Las piezas que Eduardo Ponjuán expone en “Un Solo Trazo”, realizadas con telas asfálticas (con papel de chapapote, como se dice en Cuba) son primero performance y luego devenires pictográficos en los que únicamente ha de entrarse o, si se quiere, acceder. Por lo mismo esas sofisticadas piezas con telas asfálticas son a la vez su propio haber sido performático y también su ser objetualizado como presente. La lógica del pensamiento y discursividad de Eduardo Ponjuán, también como sus devenires-obras, es,  hoy en día, una de las más importantes en el entorno de las prácticas visuales cubanas y latinoamericanas.

Eduardo Ponjuán desembarca, ahora, en Valencia, con una exposición rigurosa y consistente después de sus estancia como becario por la Fundación BROWNSTONE (París, Francia), tras más de veinte años de experiencia (graduado en el Instituto Superior de Arte de la Habana, 1983) y después de haber expuesto sus obras en galerías e instituciones como:  Galería Nina Menocal en México, Galería I.F.A. de Berlín, Kunsthalle en Dusseldorf, OR Gallery en Vancouver, en la Biblioteca Central de Medellín, en Galería 106 Flatbed (Austin, Texas), en el Ludwing Forum (Aachen, Alemania), el Museo del Chopo (México, D.F.), la Benson Gallery de New York, la Galería Kring Ernst en Colonia, o la Walter Phillips Gallery (Banff, Alberta, Canadá).

*René Francisco Rodríguez Hernández es, con Eduardo Ponjuán, uno de los artistas más importantes en el panorama plástico cubano actual. En los años ochenta trabajó como pareja artística junto a Eduardo Ponjuán en proyectos expositivos como Artista melodramático”, “Ven y dame una mano”, “Arte y confort.