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Yamandú Canosa presenta en la Galería Tomás March de Valencia un conjunto de pinturas recientes en la que renueva su repertorio iconográfico. En sus dos últimas exposiciones individuales, Nuevas canciones en el Centre d’Art Santa Mónica en Barcelona en 2004y en ¿Todas las cosas tenían nombre? en el Centro Cultural de España en Montevideo en 2005, Canosa nos proponía a modo de paisaje un recorrido por diferentes temas y propuestas formales que nos introducían en un sugerente universo poético. Para esta exposición se han seleccionado una serie de óleos recientes que renuevan su discurso conceptual, en el que las imágenes nos invitan a pensar con ella. Un finger de aeropuerto aparece como un renovado icono contemporáneo del viaje, al tiempo que pregunta sobre la calidad subjetiva de ese tránsito. Unos carteles nos hablan del lugar como espacio de la representación o como sitio alternativamente abierto o cerrado. Un orador intenta derribar un muro con las palabras, con el lenguaje. Una casa esferizada flota como un espacio íntimo, corporal, ancestral…El conjunto de las obras de la exposición acaba configurando un paisaje construido desde fragmentos de experiencias. El paisaje como concepto es desde hace unos años el centro del discurso de la obra de Yamandú Canosa. Basta recordar La línea h, su última muestra en la Galería Tomás March en 2001, y que generó una serie de instalaciones como La línea h(la canción del zahorí) en el Museu de l´Empordà en Figueres en 2002 o La línea h(iceberg) en el Domus Artium de Salamanca en 2003.
En La casa de Amanda, texto que acompañaba a la exposición Nuevas canciones, Yamandú Canosa nos da algunas claves de su relación con el paisaje: “Paisaje es una construcción abstracta de la mirada y el horizonte su eje óptico. Pero la óptica no es para el arte un conjunto de reglas físicas. La óptica construye ( también ) nuestra subjetividad, y esa subjetividad nos enseña a vernos desde el espacio que esa educación sentimental de la mirada dibuja”… “… el paisaje nos mira. Descentra el mundo, porque nos piensa imaginándonos. Si entendemos el paisaje como todo aquello que es mirado, es fácil deducir que el arte nos piensa y nos mira. Con el arte devolvemos al paisaje aquello que le pertenece. Pura ecología del lenguaje. Y si el arte nos mira, y todo lo mirado es paisaje, podemos decir ( y sin miedo a equivocarnos) que nosotros también somos paisaje para el arte que nos mira.”
En 2005 ha participado en la II Bienal de Jafre en Girona y actualmente su obra forma parte de la exposición Picasso to Plensa, A Century of Art from Spain en The Albuquerque Museum en Nuevo México.
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